Viernes, 8 de octubre de 2021

Lecturas:

Jl 1,13-15;2,1-2. El día del Señor, día de oscuridad y tinieblas.

Sal 9. El Señor juzgará el orbe con justicia.

Lc 11,15-26. Si yo echo los demonios con el dedo de Dios, entonces es que el reino de Dios ha llegado a vosotros

La vida del cristiano es siempre una lucha, un combate espiritual, el buen combate de la fe (cf. 1 Tm 6, 12). Un combate contra el adversario, el diablo, que, como león rugiente ronda buscando a quien devorar (cf. 1 Pe 5, 8).

¿Cómo hemos de combatir este combate?

En primer lugar, tomando conciencia de que es un combate, no un juego. Es decir, tomándote la vida en serio.

Además, luchando con la certeza de que este combate está ya ganado por Jesucristo. Pero, para ello, hay que estar de parte de Jesucristo: El que no está conmigo está contra mí; el que no recoge conmigo desparrama.

Estar de parte de Jesucristo es participar de su combate y de su victoria.

No tengas miedo de afrontar el combate: lo importante es que combatas con Cristo, el Vencedor.

Para el combate hay que tomar las armas de Dios (cf. Ef 6, 13s): la verdad, el ajustar la vida a la voluntad de Dios, el celo por el Evangelio, el escudo de la fe, la certeza de la victoria; la espada del Espíritu, que es la Palabra de Dios; la oración y la intercesión por los hermanos.

Todo ello, desde la humildad, porque Dios resiste a los soberbios y da su gracia a los humildes (cf. 1 Pe 5, 5).

¡Ánimo! El Señor te precede y pelea por ti: No tengas miedo ni te acobardes, porque Yahvé tu Dios estará contigo adondequiera que vayas. (cf. Dt 3, 22, Jos 1, 9).

Esta es nuestra confianza: que el que ha inaugurado entre vosotros esta buena obra, la llevará adelante hasta el Día de Cristo Jesús (cf. Flp 1, 6).

¡No te dejes robar la alegría de la fe! Pide el don del Espíritu Santo, que me conceda el don de fortaleza para poder combatir el combate de la fe.

A toda la tierra alcanza su pregón (cf. Sal 19, 5).

¡Ven Espíritu Santo! 🔥 (cf. Lc 11, 13).

Homilias de D. Jorge Miró

Volver a reflexiones a la Palabra de Dios