Viernes, 30 de Abril de 2021

San Pío V

Lecturas:

Hch 13, 26-33.  Nosotros os anunciamos que la promesa que hizo Dios la ha cumplido resucitando a Jesús.

Sal 2, 6-11.  Tú eres mi hijo: Yo te he engendrado hoy.

Jn 14, 1-6.  Yo soy el camino y la verdad y la vida.

En el Evangelio escuchamos el discurso en el que Jesús anuncia su partida, partida que llena de miedo y desconcierto a los discípulos.

Esa puede ser también tu situación hoy. En este tiempo de facultad también tú puedes experimentar el miedo o el desconcierto. ¡No te asustes! Es un signo de tu debilidad, de que necesitas ser salvado.

Por ello la Palabra hoy te invita a vivir en la confianza: Que no tiemble vuestro corazón; creed en Dios y creed también en mí.

Porque Dios es fiel, y porque Jesucristo Resucitado está contigo todos los días hasta el fin de los tiempos.

La fidelidad de Dios es el fundamento de nuestra esperanza: no hay nada ni nadie que pueda separarnos del amor de Dios manifestado en Cristo Jesús.

Jesús se despide con su Paz, el don de Dios por excelencia. Sólo Él la puede dar. Para eso vino: para pacificar, para reconciliar al hombre con Dios, a los hombres entre sí, y con toda la creación.

La paz que el Señor nos da no es la tranquilidad comodona del que huye de los problemas, sino la paz del que vive toda su vida en la presencia de Dios.

Es la paz del que puede escuchar cada día en su corazón la voz del Espíritu Santo que te susurra la voz del Padre que te dice Tú eres mi hijo. Y entonces, puedes descansar, confiar… en medio de las pruebas, del combate, porque sabes que no hay nada ni nadie que te pueda separar del amor de Dios. Puedes vivir ya la alegría la salvación.

Jesucristo vino a restaurar la armonía rota por el pecado original. Armonía que se vuelve a quebrar cada vez que el hombre quiere ser como Dios, al modo de Adán, cada vez que el hombre quiere robarle a Dios la gloria y el Señorío.

Estamos llamados a ser como Dios (cf. 2 Pe 1, 4), pero no al modo de Adán, sino al de Cristo, que siendo rico, se hizo pobre por vosotros para enriqueceros con su pobreza (cf. 2 Co 8, 9), que se humilló a sí mismo, hecho obediente hasta la muerte, y una muerte de cruz. Por eso Dios lo exaltó sobre todo… (cf. Flp 2, 8-9).

Porque al cielo se sube, bajando.

¡Os daré un corazón nuevo!  (cf. Ez 36, 26).

¡Ven Espíritu Santo! 🔥 (cf. Lc 11, 13).

Homilias de D. Jorge Miró

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