Viernes 19 de Febrero de 2021

Abstinencia

Lecturas:

Is 58, 1-9a.  ¿Para qué mortificarnos si tú no te enteras? ¿Es ése el ayuno que deseo?

Sal 50, 3-6.18-19.  Un corazón quebrantado y humillado, tú no lo desprecias.

Mt 9, 14-15.  ¿Por qué nosotros y los fariseos ayunamos, y tus discípulos no ayunan?

El miércoles de Ceniza el Evangelio nos proponía tres armas para el combate espiritual: la oración, el ayuno, y la limosna.

Pero el corazón del hombre, herido por el pecado original, es capaz de caer en la tentación de guardar la apariencia, pero vaciando de autenticidad estas armas. Es capaz de quedarse en el cumplimiento. Cumplo, porque sigo la letra de la ley; pero miento, porque mi corazón está lejos del Señor.

A veces podemos pretender “comprar” a Dios con gestos de penitencia teatrales. El Señor ve el corazón, y lo único que le vence es el corazón humilde, abierto y generoso.

Por eso, hoy la Palabra nos invita a descubrir cómo es el ayuno que el Señor quiere.

 Ya el miércoles nos dijo algo: si ayunas para que te vea la gente, pues ¡ya has recibido tu recompensa. Tal vez te sirva para adelgazar un poco, pero no para encontrarte con el Señor.

El profeta Isaías nos dice que hay que unir al ayuno el deseo de vivir en la voluntad del Señor: ¿Para qué ayunar, si no haces caso?

Para que el ayuno agrade a Dios debe ir unido con el amor al prójimo, viviendo las obras de misericordia: Este es el ayuno que yo quiero: soltar las cadenas injustas… partir tu pan con el hambriento… y no desentenderte de los tuyos

El ayuno, junto con la oración y la limosna, sirven para traducir la humildad delante de Dios.

El que ayuna se vuelve hacia el Señor en una actitud de dependencia y de abandono totales, venciendo la autosuficiencia y la soberbia.

Por eso, hemos cantado en el Salmo: mi sacrificio es un espíritu quebrantado; un corazón quebrantado y humillado, tú no lo desprecias, Señor.

 Esa es la clave para encontrarse con el Señor: la humildad, la sinceridad: Entonces surgirá tu luz como la aurora, enseguida se curarán tus heridas, ante ti marchará la justicia, detrás de ti la gloria del Señor. No hay nada que estorbe tanto a la gracia como vivir en la apariencia.

¡Os daré un corazón nuevo!  (cf. Ez 36, 26).

¡Ven Espíritu Santo! 🔥 (cf. Lc 11, 13).

Homilias de D. Jorge Miró

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