Sábado, 4 de diciembre de 2021

San Juan Damasceno Beato Francisco Gálvez

Lecturas:

Is 30, 18-21.23-26.  El Señor vendará la herida de su pueblo.

Sal 146, 1-6.  Dichosos los que esperan en el Señor.

Mt 9, 35-10, 1.6-8.  Se compadecía de las gentes extenuadas y abandonadas como ovejas que no tienen pastor.

En el Evangelio vemos como Jesús se compadecía de las gentes que andaban extenuadas y abandonadas como ovejas que no tienen pastor.

Hoy sucede lo mismo: mucha gente vive abatida, confundida, mareada, sin rumbo, sin esperanza, viviendo una vida sin sentido, especialmente en estos tiempos de incertidumbre. Tal vez hoy tenemos más información y más cosas materiales que nunca. Tal vez nos sobra comida, pero nos falta sal. Y así, a la vida le falta sabor, nos falta sentido…

En estas situaciones, el profeta Isaías, te invita a aclamar al Señor, que te ama, que quiere que tengas vida y vida en abundancia.

Te invita a orar, pero no sólo de manera individual, sino como un pueblo, a orar con la comunidad, con la Iglesia, que es el cuerpo de Cristo: Pueblo de Sión, que habitas en Jerusalén, no tendrás que llorar, porque se apiadará a la voz de tu gemido: apenas te oiga, te responderá….

La fe no te libra de los problemas y combates, pero te hace ver que no estás sólo, te hace experimentar la presencia de Jesucristo vivo en medio de tu vida y te regala el don del Espíritu Santo, que lo hace todo nuevo.

Te regala una Palabra para que no vivas desorientado: Si te desvías a la derecha o a la izquierda, tus oídos oirán una palabra a tus espaldas: "Éste es el camino, camina por él".

Te hace ver que Dios no abandona al pueblo de su alianza, sino que lo cura, lo sana y lo salva: En toda colina elevada habrá canales y cauces de agua… cuando el Señor vende la herida de su pueblo y cure las llagas de sus golpes.

Y todo ello, también en medio del misterio de la cruz, de la prueba: Aunque el Señor te diera el pan de la angustia y el agua de la opresión ya no se esconderá tu Maestro, tus ojos verán a tu Maestro.

Por eso, especialmente en medio de la cruz y de la prueba, ¡aclama al Señor. Nos lo ha dicho el Salmo: Dichosos los que esperan en el Señor… Alabad al Señor… El Señor reconstruye Jerusalén…

También el Señor nos invita a orar porque la mies es mucha y los obreros son pocos.

A toda la tierra alcanza su pregón (cf. Sal 19, 5).

¡Ven Espíritu Santo! 🔥 (cf. Lc 11, 13).

Homilias de D. Jorge Miró

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