Miércoles, 8 de junio de 2022

Lecturas:

1 Re 18, 20-39. Que este pueblo sepa que tú eres Dios y que has convertido sus corazones.

Sal 15. Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti.

Mt 5, 17-19. No he venido a abolir sino a dar plenitud.

Contemplamos hoy en la primera lectura el momento culminante el enfrentamiento entre Dios y Baal en la lucha contra la idolatría que es la lucha en el Carmelo entre Elías y los cuatrocientos cincuenta profetas de Baal.

El problema de fondo es el sincretismo religioso del pueblo: quiere jugar a dos bandas; quiere servir a dos señores. Por una parte, mantiene la fe en Yahvé pero, por otra, recurre a Baal, señor de las cosechas, y a su culto misterioso y atractivo:  ¿Hasta cuándo vais a estar cojeando sobre dos muletas? Si el Señor es Dios, seguidlo; si lo es Baal, seguid a Baal.  Pero no se puede servir a dos amos (cf. Mt 6, 24)

Las acciones de Elías están cargadas de significado: construye el altar del Señor con doce piedras; doce cántaros de agua vertidos sobre las ofrendas; su oración: Respóndeme, Señor, respóndeme, para que este pueblo sepa que tú, Señor, eres Dios y que has convertido sus corazones…, que contrasta con la palabrería ruidosa de los baales. Todas estas acciones recuerdan que el de Dios de Israel actúa con poder en la historia, que es historia de amor y de salvación.

Esta es una palabra para nosotros hoy, que también tenemos la tentación de la idolatría; la idolatría del dinero, del éxito, del poder, del placer…, o la peor de todas las idolatrías: creer que tú eres dios. Y también la tentación del sincretismo.

¿Qué es el sincretismo? Pues hacerte un evangelio a tu medida, un Jesucristo a la medida de tus deseos. Quitando lo que te incomoda, añadiendo modas del mundo…

Por eso, el Evangelio nos invita a descubrir que no somos dueños sino servidores de la Palabra. Nos invita a la fidelidad: El que se salte uno solo de los preceptos menos importantes y se lo enseñe así a los hombres será el menos importante en el reino de los cielos.

Que en este tiempo de gracia, también tú puedas decir, como hemos cantado en el aleluya y en el Salmo: Dios mío, instrúyeme en tus sendas, haz que camine con lealtad… Me enseñarás el sendero de la vida, me saciarás de gozo en tu presencia.


¡Ven Espíritu Santo! 🔥 (cf. Lc 11, 13).

Homilias de D. Jorge Miró

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