Miércoles, 3 de noviembre de 2021

San Martín de Porres

Lecturas:

Rom 13,8-10. Amar es cumplir la ley entera.

Sal 111. Dichoso el que se apiada y presta.

Lc 14, 25-33   El que no renuncia a todo lo que tiene, no puede ser discípulo mío.

La fe es el principio de una vida nueva. Si acoges en su corazón el amor gratuito de Dios; si crees que Dios te ama tal y como eres y te invita a vivir una vida nueva; si crees que Jesucristo ha muerto y ha resucitado por ti; si acoges cada día el don del Espíritu Santo, verás como el Señor te regala una vida nueva.

Con la fe llega la esperanza, que sella en tu corazón la certeza del amor de Dios y su fidelidad incondicional: ¡Dios no deja de amarte nunca! ¡Él está contigo todos los días! Y te llama a vivir una vida que no tiene fin, porque no hay nada ni nadie que pueda separarte del amor de Dios, ¡ni siquiera la muerte!

Y con la fe y la esperanza llega también la caridad. La caridad es mucho más que la solidaridad. A la luz de la fe, la solidaridad tiende a superarse a sí misma, al revestirse de las dimensiones específicamente cristianas de gratuidad total, perdón y reconciliación. Entonces el prójimo, es un hermano, es la imagen viva de Dios Padre y debe ser amado con el mismo amor con que le ama el Señor (cf. CDSI 196).

La Palabra de hoy nos da algunas claves para ver si estamos creciendo en la fe: Dichoso quien teme al Señor y ama de corazón sus mandatos, Quien no carga con su cruz y viene en pos de mí, no puede ser discípulo mío, A nadie le debáis nada, más que el amor mutuo.

A toda la tierra alcanza su pregón (cf. Sal 19, 5).

¡Ven Espíritu Santo! 🔥 (cf. Lc 11, 13).

Homilias de D. Jorge Miró

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