Miércoles 24 de Febrero de 2021

Lecturas:

Jon 3, 1-10.  Dios se arrepintió y no llevó a cabo el castigo.

Sal 50, 3-4.12-13.18-19.  Un corazón quebrantado y humillado, tu no lo desprecias.

Lc 11, 29-32.  Aquí hay uno que es más que Salomón y más que Jonás.

En nuestro camino hacia la Pascua, hoy la Palabra nos invita a ser discípulos, a no quedarnos en simples curiosos o meros admiradores de Jesús.

La Palabra hoy nos muestra una de las diferencias entre la curiosidad y el discipulado. Esa diferencia es la conversión.

El curioso, reclama signos y milagros que sacien su curiosidad y su sed por lo maravilloso. Busca una gracia barata, con signos extraordinarios. Le interesa más “resolver” sus problemas que seguir a Jesús.

Pero, no. El camino de la fe, ordinariamente es otro: es el camino de Abrahán: salir de tu tierra y recorrer el camino que el Señor te pone delante, fiado únicamente en su Palabra.

El discípulo, vive con espíritu de conversión, vive acogiendo confiadamente la Palabra y guardándola en el corazón.

El discípulo ha descubierto que el gran signo de la llegada del Reino de Dios es el mismo Jesús y su predicación, ha experimentado que esta Palabra tiene vida eterna, que es una buena noticia.

Si quieres encontrarte con Jesucristo, no pidas otros signos. No. La clave está en que te conviertas, en que, como los ninivitas, abras tu corazón al Señor y te fíes de su Palabra.

¡Si crees, verás la gloria de Dios! Entonces podrás ver numerosos milagros. Pero al estilo de Dios, no al tuyo.

Si no tienes espíritu de conversión, no te convencerá ni aunque resucite un muerto y venga a visitarte (cf. Lc 16, 31).

En cambio, si vives de la fe, si tienes el corazón abierto al Espíritu Santo, reconocerás en tu vida la mano de Dios, que manifiesta a los suyos su poder y su amor. Tu vida entera se convertirá en el espacio de un milagro, porque también tú verás que no estás solo, que el Señor está contigo haciendo nueva toda tu vida.

¡Os daré un corazón nuevo!  (cf. Ez 36, 26).

¡Ven Espíritu Santo! 🔥 (cf. Lc 11, 13).

Homilias de D. Jorge Miró

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