Lunes, 4 de octubre de 2021

San Francisco de Asís

Lecturas:

Jon 1, 1 – 2, 1. 11.  Jonás se puso en marcha para huir lejos del Señor.

Sal Jon 2, 3-8.  Tú, Señor, me sacaste vivo de la fosa.

Lc 10, 25-37.  ¿Quién es mi prójimo?

La Palabra de Dios que proclamamos hoy te habla del gran mandamiento: el amor a Dios y al prójimo. La ley ya contenía esta enseñanza: Amarás al Señor, tu Dios, con todo el corazón, con toda el alma, con todas las fuerzas y Amarás a tu prójimo como a ti mismo. Jesús declara que viviendo esto tendrás la vida.

Con esto se dice mucho. La actitud fundamental del hombre debe ser el amor. Dios es amor. Y el hombre, creado a imagen y semejanza de Dios, está creado por amor y para amar. Sólo amando, el hombre se realiza como persona. No es el dinero, ni el poder, ni el placer, ni el éxito, lo que hace feliz al hombre. Lo que hace feliz al hombre es el amor. Por eso toda la ley se resume y se concentra en el amor a Dios y al prójimo.

El amor es el “precepto” más importante, el que todo lo abarca y todo lo anima. El amor es el sentido de la ley.

El problema está en saber quién es mi prójimo. Los judíos distinguen entre prójimo y extraño. Jesús aclarará todo esto con una parábola. Prójimo es cualquier persona que está al lado de quien necesita ayuda. Prójimo es aquel que se aproxima al necesitado.

La caridad, el amor fraterno, consiste en acercarse, en no pasar de largo, amparados en mil excusas, ante los problemas y necesidades de los hermanos. La caridad no es solamente dar, sino darse. La caridad, el verdadero amor, es darse a uno mismo, dar la vida por el otro, buscar el bien del otro. La caridad no pide nada a cambio: es gratuita, generosa y desinteresada.

En esta parábola se oponen claramente legalismos y amor. El amor cristiano está reñido con el pasotismo, el individualismo y la demagogia. El Señor te invita hoy a ser el buen samaritano de tu ambiente. a estar atento, a estar disponible para escuchar, compadecer, interceder ayudar… Te invita a que seas un bálsamo que alivie su dolor. Te invita a que seas el rostro bueno y amable de Dios para ellos. El Señor te invita a que le prestes tus manos para curarles, tus labios para consolarles, tu corazón para amarles. ¡Atrévete! ¡Acepta la llamada del Señor! ¡Ama de corazón, y serás feliz!

A toda la tierra alcanza su pregón (cf. Sal 19, 5).

¡Ven Espíritu Santo! 🔥 (cf. Lc 11, 13).

Homilias de D. Jorge Miró

Volver a reflexiones a la Palabra de Dios