Lunes, 21 de junio de 2021

San Luís Gonzaga

Lecturas:

Gén 12, 1-9.  Abrán marchó, como le había dicho el Señor.

Sal 32.  Dichoso el pueblo que el Señor se escogió como heredad.

Mt 7, 1-5  No juzguéis para que Dios no os juzgue.

La Palabra que el Señor nos regala hoy es muy sencilla, clara y directa: No juzguéis, para que no seáis juzgados. Porque seréis juzgados como juzguéis vosotros, y la medida que uséis, la usarán con vosotros.

Un discípulo no vive instalado en el juicio al hermano. El juicio le corresponde únicamente a Dios, que es quien sabe toda la verdad; el único que sabe qué es lo que hay en el corazón del hombre.

Si nos acostumbramos al juicio, esto acaba deformando nuestra conciencia y nos hace perder la lucidez sobre nosotros mismos y sólo vemos la mota en el ojo ajeno, sin darnos cuenta de que tenemos una viga en el nuestro.

La murmuración y el juicio acaban dañando la comunidad, porque nos hace tener sobre el hermano una mirada que no es la mirada del Señor. La mirada del Señor siempre es una mirada de misericordia.

Este es el camino que Jesús muestra a los que quieren ser sus discípulos: sed misericordiosos como vuestro Padre es misericordioso (cf. Lc 6, 36). Esta es la verdadera religión: rechazar el pecado, pero acoger al pecador (cf. Jn 8), poder amar, ¡incluso a los enemigos!

Es una invitación a tratar a los demás como el Señor te trata a ti: con paciencia, con misericordia: seréis juzgados como juzguéis vosotros, y la medida que uséis, la usarán con vosotros; el juicio será sin misericordia para el que no practicó la misericordia (cf. St 2, 13).

La primera lectura nos muestra la elección de Abrahán. En Babel la soberbia del hombre que quiere jugar a ser dios y arrebatarle su soberanía ha terminado en la división y el enfrentamiento entre los hombres.

Pero Dios es fiel y sigue adelante son su plan de salvación e interviene en la historia con su palabra, con una orden y una promesa, que recibirá perfecto cumplimiento en Jesucristo. Llama a Abrahán y, en él elige a un pueblo, para ser puente entre Dios y los hombres.

Él es el padre de los creyentes. Dios le invita -y también a ti y a mí- a dejar sus seguridades para agarrarse solo a Él e ir viviendo cada día de lo que Dios le enseñe. Ese es el camino de la fe. Y ese mandado conlleva una promesa y una bendición.

La fe es una aventura en la que el control lo tiene el Señor. ¿Te animas a responder a la llamada del Señor, a dejar que Él lleve tu vida?

También tú, ¡si crees, verás la gloria de Dios!

¡Os daré un corazón nuevo!  (cf. Ez 36, 26).

¡Ven Espíritu Santo! 🔥 (cf. Lc 11, 13).

Homilias de D. Jorge Miró

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