Lunes, 18 de octubre de 2021

San Lucas

Lecturas:

2 Tim 4, 9-17   Sólo Lucas está conmigo.

Sal 144, 10-13.17-18   Tus amigos, Señor, proclamen la gloria de tu reinado.

Lc 10, 1-12   La mies es abundante y los obreros pocos.

Celebramos hoy la fiesta de San Lucas, evangelista. Y la Palabra que el Señor nos regala hoy nos invita a la misión. El versículo del Aleluya nos lo recuerda: Yo os he elegido del mundo, para que vayáis y deis fruto y vuestro fruto perdure.

La Iglesia existe para anunciar el evangelio. Para esta misión somos llamados, enviados y capacitados por el Espíritu Santo que nos saca de nuestros miedos y comodidades y nos da la fuerza para ser testigos del Resucitado hasta los confines de la tierra (cf. Hch 1, 8).

Estamos llamados a ser testigos, no a ser chismosos ni conferenciantes. No se trata de explicar una teoría, sino de proclamar un Misterio. Es decir, llamados a dar fe de que Jesucristo vive y a proclamar la buena noticia de la salvación, del amor gratuito de Dios.

Estamos llamados a vivir y anunciar que está cerca el reino de Dios, no en nuestras fuerzas, sino en el poder del Espíritu.

Pero esta misión de la evangelización no está exenta de dificultades. Junto con el trigo aparece también la cizaña.

La primera lectura nos habla de alguna de las dificultades con que se encuentra san Pablo: la mundanidad, la oposición al evangelio con la tentación de manipularlo. Por eso, el Señor nos invita a anunciar íntegro el mensaje.

¿Qué es la mundanidad? Dice el Papa Francisco (cf. EG 93s) que es buscar, en lugar de la gloria del Señor, la gloria humana y el bienestar personal; cuidar la apariencia; confiar en las propias fuerzas y sentirse superiores a otros; no salir a buscar a los realmente perdidos ni a las inmensas multitudes sedientas de Cristo.

Esta mundanidad asfixiante se sana tomándole el gusto al aire puro del Espíritu Santo, que nos libera de estar centrados en nosotros mismos, escondidos en una apariencia religiosa vacía de Dios. ¡No nos dejemos robar el Evangelio! (CF. EG 97)

A toda la tierra alcanza su pregón (cf. Sal 19, 5).

¡Ven Espíritu Santo! 🔥 (cf. Lc 11, 13).

Homilias de D. Jorge Miró

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