Jueves, 20 de mayo de 2021

San Bernardino de Siena

Lecturas:

Hch 22, 30; 23,6-11.  Hermanos, yo soy fariseo, hijo de fariseos, y me juzgan por creer en la resurrección de los muertos.

Sal 15, 1-11.  Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti.

 Jn 17, 20-26.  Pero no te ruego sólo por ellos, sino también por todos los que creerán en mí por medio de su palabra.

El Evangelio nos presenta hoy la tercera parte de la Oración sacerdotal de Jesús, en la que amplía el horizonte a la Iglesia de todos los tiempos.

Jesús ruega también por nosotros, por la Iglesia de todos los tiempos. Se dirige al Padre para interceder en favor de todos aquellos que serán conducidos a la fe mediante la misión inaugurada por los apóstoles y continuada en la historia: No sólo por ellos ruego, sino también por los que crean en mí por la palabra de ellos.

Jesús ha cumplido toda la obra del Padre, y su oración, al igual que su sacrificio, se extiende hasta la consumación de los siglos. La oración de la “Hora de Jesús” llena los últimos tiempos y los lleva a su consumación (cf. Catecismo n. 2749).

Jesús ruega por la futura unidad de cuantos creerán en Él. Esta es la petición central de Jesús dedicada a sus discípulos de todos los tiempos: que todos sean uno; como tú, Padre, en mí, y yo en ti, que ellos también sean uno en nosotros, para que el mundo crea que tú me has enviado.

Esa unidad no es producto del mundo: es un don de Dios. La unidad de los futuros discípulos, al ser unidad con Jesús —a quien el Padre envió al mundo—, es también la fuente originaria de la eficacia de la misión cristiana en el mundo (Benedicto XVI).

La unidad viene de creer en Jesucristo, acoger confiadamente su Palabra y dejarse llevar por el Espíritu Santo.

Padre, éste es mi deseo: que los que me confiaste estén conmigo donde yo estoy. Jesús ruega por la salvación de todos. Para eso ha venido al mundo.

Que en este tiempo de dificultad y de gracia puedas orar con el Salmo, diciendo: protégeme, Dios mío, que me refugio en ti. Yo digo al Señor: “Tú eres mi Dios”. Tengo siempre presente al Señor, con él a mi derecha no vacilaré… Me saciarás de gozo en tu presencia.

¡Os daré un corazón nuevo!  (cf. Ez 36, 26).

¡Ven Espíritu Santo! 🔥 (cf. Lc 11, 13).

Homilias de D. Jorge Miró

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