Domingo, 30 de mayo de 2021

La Santísima Trinidad

Lecturas:

Dt 4, 32-34.39-40.  El Señor es el único Dios. No hay otro.

Sal 23, 4-6.9.18-22.  Dichosa la nación cuyo Dios es el Señor.

Rom 8, 14-17.  Por el Espíritu de hijos que se nos ha dado, podemos decir: ¡Abba!

Mt 28, 16-20.  Bautizad en el nombre del Padre y del Hijo y…

Celebramos hoy la solemnidad de la Santísima Trinidad, que nos recuerda que Dios es un misterio. Misterio que hemos de vivir desde la fe y el amor. Todo el universo habla de Dios uno y trino.

Benedicto XVI nos recordaba que, gracias al Espíritu Santo, que ayuda a comprender las palabras de Jesús y guía a la verdad completa, los creyentes pueden conocer la intimidad de Dios mismo, descubriendo que él no es soledad infinita, sino comunión de luz y de amor.

Y el Papa Francisco, nos invita a descubrir que esta es una fiesta para contemplar y alabar el misterio del Dios de Jesucristo, que es Uno en la comunión de tres Personas: el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.

En el misterio de Dios es fundamental que descubras que Dios te ama, tal y como eres. Dios te ama gratuitamente: sin exigirte nada. Dios te ama más que nadie: hasta dar la vida. Dios te ama con fidelidad, no deja de amarte nunca: aunque seas inconstante y pecador, aunque tengas dudas y vacilaciones. Él te busca y te desea.

Todo lo que Dios dice, enseña y manda, no lo hace para fastidiarte, sino para mostrarte el camino que conduce a la felicidad y a la vida eterna. ¡Dios quiere que seas feliz! Y quiere que seas feliz no sólo un ratito..., sino ¡para toda la eternidad!

¡Esta es la clave para comprender todo el mensaje cristiano! Observa los y mandatos y preceptos que yo te prescribo hoy, para que seas feliz, tú y tus hijos después de ti, y prolongues tus días en el suelo que el Señor, tu Dios, te da para siempre (cf. Dt 4, 39-40).

La fiesta de hoy es una invitación a entrar en el misterio del amor de Dios. A dejarte amar por Él y vivir la fe como una historia de amor con Dios. A dejar que Él te abrace, te ilumine, se te vaya manifestando, y te regale el Espíritu Santo para que vayas creciendo en santidad. Es una invitación a vaciarte de ti mismo para llenarte de Dios: así serás feliz, vivirás auténticamente como persona y tu vida tendrá pleno sentido.

Es una invitación a que descubras que la fe no es una teoría que se sabe, sino una vida que se disfruta: No habéis recibido un espíritu de esclavitud, para recaer en el temor, sino que habéis recibido un espíritu de hijos de adopción, en el que clamamos: «¡Abba! Padre».

Es poder vivir cada día la vida como una historia de amor y de salvación que Dios está haciendo contigo. Es descubrir que no estás sólo, que el Señor está contigo todos los días hasta el fin del mundo.

Es descubrir que la vida no es una “soledad poblada de aullidos” (cf. Dt 32), sino una vocación, una llamada constante de Dios que te ama y te invita a gozar de esta historia de amor. Una llamada de Dios que te invita a no quedarte en ser un “vagabundo” existencial, sino en disfrutar siendo un peregrino que, de la mano del Señor, camina hacia la meta de la vida eterna.

Y, asombrado, por el misterio del amor de Dios, esta fiesta es una invitación a vivir en la alabanza, como hemos cantado en el Salmo: ¡Dichoso el pueblo que el Señor se escogió como heredad! Una invitación a poder decir cada día: ¡Gloria al Padre, y al Hijo y al Espíritu Santo!

¡Ánimo! ¡Fíate del Señor! ¡Ábrele el corazón! ¡No tengas miedo! ¡Nadie te ama como Él! ¡Disfrútalo!

¡Os daré un corazón nuevo!  (cf. Ez 36, 26).

¡Ven Espíritu Santo! 🔥 (cf. Lc 11, 13).

¡Feliz Domingo! ¡Feliz Eucaristía!

Homilias de D. Jorge Miró

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