Domingo, 28 de Febrero de 2021

2º de Cuaresma

Lecturas:

Gn 22, 1-2.9a.15-18.  Sacrificio del patriarca Abrahán.

Sal 115, 10.15.16-19.  Caminaré en presencia del Señor, en el país de la vida.

Rom 8, 31b-34.  Dios entregó a su propio Hijo a la muerte por nosotros.

Mc 9, 2-10.  Éste es mi Hijo amado; escuchadlo

Hoy el Evangelio nos habla de la Transfiguración del Señor: antes de llegar al drama de la Pasión, Jesucristo se manifiesta transfigurado, glorioso, ante sus discípulos.

La Transfiguración es un anuncio y un anticipo glorioso de la Resurrección del Señor.

Con ello, la Palabra de Dios quiere darte ánimo en tu camino hacia la vida eterna. Quiere recordarte que somos ciudadanos del cielo. No eres un vagabundo existencial, sino un peregrino en marcha hacia el cielo.

 La luz de la vida eterna transfigura la cruz, y de dolorosa la transforma en gloriosa. Y por eso Jesucristo te recuerda que de nada te sirve ganar el mundo entero si se pierde tu alma. Todo sería inútil si no alcanzas la vida eterna.

La primera lectura nos recuerda el ejemplo de Abrahán, nuestro padre en la fe, y nos muestra la vida cristiana como un largo camino que hay que recorrer.

 Dios te llama, como a Abrahán, te invita a recorrer el camino, y lo importante es no parar, lo importante es avanzar sin cesar en ese camino de la salvación.

Abrahán es creyente y obediente a la Palabra de Dios, está dispuesto a todo: se fía de Dios. En esto consiste la fe: en saberte amado por Dios, en fiarte de Él y aceptar su palabra como palabra de amor y de salvación, aunque muchas veces te desconcierte.

El Evangelio, por su parte, nos muestra también cuál es el motor para avanzar en esta peregrinación, en la que lo importante no es participar, sino ganar: Este es mi Hijo, el amado, mi predilecto. Escuchadlo.

 Avanza en el camino de la vida eterna aquel que, humildemente, escucha a Jesucristo, lo acepta como único Maestro y lo proclama como único Señor y deja que el Espíritu Santo le regale un corazón nuevo con sus mismos sentimientos y actitudes, tratando de vivir cada día como vivió Él.

 Avanza en el camino de la vida eterna aquel que no se aísla viviendo la fe de una manera solitaria e individualista. Dios ha hecho alianza con un pueblo y te invita a vivir y a caminar con este pueblo, con la Iglesia, con los hermanos concretos que el Señor te ha regalado, como un don, como una ayuda preciosa. Dios no te ha creado para la soledad, sino para la relación, la comunión y la donación. 

 ¿Te animas a seguir en serio el camino? ¡Vale la pena! ¡Lánzate a la aventura! ¡Atrévete! ¡No te defraudará!

¡Os daré un corazón nuevo!  (cf. Ez 36, 26).

¡Ven Espíritu Santo! 🔥 (cf. Lc 11, 13).

¡Feliz Domingo! ¡Feliz Eucaristía!

Homilias de D. Jorge Miró

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