Domingo, 11 de Abril de 2021

Domingo de la Divina Misericordia

Lecturas:

Hch 2, 42-47.  Los creyentes vivían todos unidos y tenían todo en común.

Sal 117, 2-4. 22-27.  Dad las gracias al Señor porque es bueno.

1 Pe 1, 3-9.  Mediante la resurrección de Jesucristo de entre los muertos, nos ha regenerado para una esperanza viva.

 Jn 20, 19-31.  A los ocho días llegó Jesús: – La paz esté con vosotros.

La Palabra de Dios que proclamamos en este Domingo de la Octava de Pascua o de la Divina Misericordia nos invita a contemplar a Jesucristo resucitado, que se hace presente en la Iglesia con el don del Espíritu Santo.

Y te invita a que te dejes encontrar por Jesucristo Resucitado. ¡Pídeselo! Este encuentro con el Señor cambiará tu vida para siempre.

El encuentro con Jesucristo Resucitado te llenará de alegría y de paz

De alegría porque podrás ver el amor de Dios en medio de tu historia concreta. Porque podrás encontrarte con el Señor en medio de tus llagas. Sí, de tus llagas. Pero llagas gloriosas, resucitadas, signo de la victoria de Jesucristo en tu vida. Y, entonces, mirando con los ojos de la fe, podrás decir asombrado: ¡Señor mío y Dios mío!

Y de paz, porque podrás descansar en el Señor. No sabrás lo que ocurrirá mañana, pero tendrás una certeza sellada en tu corazón: que no hay nada ni nadie que te pueda separar del amor de Dios manifestado en Cristo Jesús.

Y en la medida en que acojas el don del Espíritu, aparecerá en ti una vida nueva: experimentarás el perdón de los pecados, la Divina Misericordia, el amor gratuito de Dios. Un amor que no te lo tienes que ganar. Un amor que te precede y te acompañará siempre: Dios no dejará de amarte nunca. Dios es fiel y cumple sus promesas. Ese es nuestro descanso y el fundamento de nuestra esperanza.

Y esta experiencia te llevará a encontrarte con otros hermanos con los que poder vivir y compartir esta vida nueva. Te insertará en una nueva familia: la Iglesia. 

 Una Iglesia de pobres y pecadores, como tú y como yo. Pero pobres y pecadores amados por Dios, perdonados y salvados por Jesucristo, abiertos al don del Espíritu Santo, que lo renueva todo. Una Iglesia que crece por el agua y la sangre, viviendo la riqueza del Bautismo y alimentándose con la Eucaristía. Una Iglesia que quiere ser fiel a su Señor guardando sus mandamientos. Una Iglesia que da testimonio de la resurrección del Señor; da testimonio de que Jesucristo vive y es el Señor.

También tú, si crees, verás la gloria de Dios. Verás cumplido en tu vida el final del Evangelio de hoy: Muchos otros signos, que no están escritos en este libro, hizo Jesús… Estarán escritos en tu Historia… Si dejas que Jesucristo sea el Señor de tu vida y te abres a la acción de su Espíritu… verás la gloria de Dios en tu vida. Cada día podrás decir ¡Señor mío y Dios mío! Porque estarás asombrado contemplando al Señor que vive y camina contigo.

¡Feliz Domingo de la divina misericordia! ¡Feliz Eucaristía!

¡Os daré un corazón nuevo!  (cf. Ez 36, 26).

¡Ven Espíritu Santo! 🔥 (cf. Lc 11, 13).

Homilias de D. Jorge Miró

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